¡El Planeta parto existe! Testimonio de un parto natural

¡El planeta parto existe!

Testimonio de un parto natural por Sofía Organero

El viernes a las 6.00h de la mañana, amanecí con lo que parecían contracciones. Primero eran irregulares, cada 20 min, luego a los 45 min… Hasta que se convirtieron en un proceso armónico de pequeñas olas cada 10 min. Todo parecía ir según lo previsto. Sobre las 18.00h tenía revisión ginecológica. La doctora que me atendió me hizo un tacto para comprobar mi dilatación y se produjo un pequeño sangrado. Me recomendó pasar por urgencias antes de irme para revisar que todo estuviese en orden y ese pequeño sangrado no fuese a más. El médico que estaba en urgencias en ese momento decidió ingresarme a pesar de que no había sangrado abundante, los monitores del bebé habían ido bien y no había riesgo aparente… Esa noche me visitaron en la habitación Mercedes y uno de mis ginecólogos. Recuerdo la sensación al verles entrar por la puerta.

LUZ. La tranquilidad llegó con ellos. Me tomaron la tensión y todo estaba perfecto. Mercedes me cogió la mano y me dijo: «tranquila Sofía, descansa esta noche y si mañana sigue todo igual, te vas a casa». Respiré. Yo quería vivir esos momentos en el calor de mi hogar y el proceso había empezado de manera diferente. Pero aquella noche no dormí. Las contracciones eran cada vez más intensas y seguía con una dilatación de unos 2 cm. A la mañana siguiente, vino Beatriz Ochoa, una de las ginecólogas del equipo de Ana Suárez, y me recomendó comenzar con la inducción del parto. Yo estaba ya en la semana 41+1 y mi beba pesaba 4kg. Recuerdo pensar «no era esto lo que querías, pero dejate llevar, estás en buenas manos». Sobre las 16.00h me pusieron el tampón de las prostaglandinas (proceso previo a la oxitocina artificial), para ablandar el cuello del útero. Seguía sin dilatar cuando comenzó el proceso. Al ratito las contracciones comenzaron a ser más intensas. Yo seguía respirandolas y recibiendo aquellas olas pensando: «una menos para verte». Una menos para encontrarme con ella, con mi bebé.

Sobre las 18.30h comenzaron unas fuertes contracciones que me eran más difíciles de gestionar. Respiré. Me acordaba de mis sesiones de yoga prenatal con Yolanda, matrona y doula maravillosa que me acompañó durante el embarazo. Recordaba las palabras de Mercedes y Patri durante los encuentros previos al parto. Comencé a sentir presión en las caderas y el pubis y llamamos a las enfermeras para que avisasen a Patri y, mientras venían a buscarme para bajar a la Unidad de Parto Natural, me dí una ducha de agua caliente. Recuerdo estar en la ducha y sentir seis grandes contracciones que no supe cómo gestionar. Sentía dolor y en mi cabeza solo estaba el pensamiento de que aún no había dilatado y no iba a poder llegar hasta 10cm sin la epidural. Miré a mi marido y le dije «Juan, llama a Patri y que me pongan la epidural, no voy a llegar».

En ese momento vinieron a buscarme y bajamos a la sala de parto. Allí estaba Patri. Tranquila, llena de paz. En un ambiente cálido y hogareño. La luz era tenue, se escuchaba el agua de la bañera correr. Yo llegaba sin fuerza pero entrar en ese espacio me recargó. «Esto si es lo que yo quería», pensé. Le dije a Patri que me pusiesen la epidural porque no iba a llegar. Patri me miró y me dijo «déjame que te explore, por favor». Recuerdo sus palabras «Sofía, estás de 8cm ya, casi 9. Vamos al agua como tú querías y si no te ayudo a salir y terminas con la epidural. Te parece bien?».

Entrar en el agua fue mágico. Me relajó. Mi cuerpo dejó de pesar y empezó a flotar. Las contracciones volvieron a ser como las del principio. La intensidad del dolor bajó y yo podía respirar con tranquilidad entre una y otra. Patri cuidaba de que todo estuviese impoluto, me animaba a continuar en el camino que yo había escogido con una amor y una profesional dignas de admirar.

Empecé a sentir que podía empujar. Comenzaban los pujos. Patri nos puso un espejo para poder ver cómo salía la cabecita. ¡Era la bolsa! Yo no había roto aguas en ningún momento y Patri respetó el proceso natural sin romperla. Nuestra beba venía en la bolsa, intacta, que se rompió de manera natural con el último empujón y la salida de Sofía al agua.

Ahí estaba. Había nacido. Yo había parido. Y todo había salido a la perfección y tal y como había deseado. Beatriz, la ginecóloga que nos acompañó y Patri, esperaron a que el cordón terminase de latir y Juan lo pudo cortar.

Durante los pujos, Patri nos preguntó si nos podía hacer alguna foto que previamente le habíamos autorizado y las hizo con el mvl de Juan. Hace un par de semanas me senté a verlas y conecté de nuevo con ese momento. Había cosas que ni me acordaba que habían sucedido… ¡el planeta parto existe! Y me encantó poder revivirlo con aquellas imágenes.

Gracias Patri. El parto es algo incontrolable y único. No se puede escoger qué va a suceder pero sí cómo lo quieres vivir. Gracias Patri por acompañarnos en el nacimiento de Sofía. Gracias Mercedes y Ana por los encuentros anteriores y posteriores al parto, por tanto aprendizaje. Gracias al equipo de la doctora Suárez por el acompañamiento durante el embarazo. Gracias por vuestro cariño, profesionalidad y respeto.”

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2023-03-07T10:12:49+00:00
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